domingo, 11 de octubre de 2009
La última de mi enano
“Había una vez un duende en Salta, un duende negro y feo. Tenía un sombrero negro y vivía en una cueva oscura. Todos los chicos le tenían terror y se escapaban cuando aparecía. El duende se comió un chico y lo vomitó. Ta taaann”.
Literatura pura la de mi enano, ¿eh? Agatha Christie, un poroto.
Sin palabras.
miércoles, 15 de julio de 2009
La prueba de Ser Crunch

En fin… aunque detesto los productos dietéticos, hice la prueba sólo para ver cuánta verdad había en esa tanda. Iba caminando hacia el Ente de Turismo y deseé un yogurt. Siempre compro un yogurísimo común, de esos dulces y con los copos azucarados. Pero me dije… a ver, vamos a ver cuánto de real tienen esos ojitos teñidos de placer de la muchacha Ser que dibuja un cero en el aire con su cuchara.
Pagué con 5 pesos, me dieron 2 de vuelto y una cucharita de plástico. Separé los dos potecitos, mezclé el yogurt con los crunchys y empecé a comer la delicia. Primera cucharada. El gusto a edulcorante me llenó la boca. Fui por la segunda. Ahá. Extrañé mi pan con manteca y mermelada de arándanos. A la cuarta, me sentí llena, eso sí. Pero por lo fiera que me resultó la oferta de Ser. No llegué a la quinta. Busqué algún niño pobre en la calle pero no lo encontré. Lo tiré en el tacho de basura.
¡Vaaaaamos! Eso no es un placer… eso no quita el hambre. Eso pone de mal humor. Eso no tiene azúcar. Eso aburre.
Dos horas después llegué a casa. Débil por los nutrientes que me aportaron los crunchys me fui al gimnasio a regañadientes. Una hora más tarde, partí un pan francés al medio, le puse manteca y lo espolvoreé con azúcar. ¡Qué feliz fui! ¡Qué cosa más hermosa es la comida común! Me prometí hacer una campaña para desmitificar a Ser y a su séquito. Y acá estoy. Yo, nunca más voy a hacer la prueba… Y el día que la manteca me saque factura y me agrande el traste, comeré sólo medio pan francés. Pero un Ser, jamás.
sábado, 27 de junio de 2009
Noche de espera, de baños y charlas
- Luli, ¿te parecen ricos los chizitos?
- Sí, amor. Me gustan.
- Ah… no, a mi no. Prefiero las papas y ahora vienen unas que son de forma de palito, que hasta le podés poner ketchup.
- ¿Sí? Mirá vos qué bueno. A mi me gustan las dos cosas
- No… los chizitos a veces son como chicle
- Sí, pero los de mala calidad amor.
Bien. Se calla un ratito y se vuelve a concentrar en la foto de un astronauta pisando la luna. Bosteza. Vuelvo al ruedo, busco el párrafo que había dejado y acomodo mi almohadón para seguir. Ahí vamos…
- Luli, ¿vos vas a misa?
- No amor, no voy
- ¿Por qué no vas?
- (mmmmm) Y… porque me aburre
- ¡Sí! A mí también me re aburre. Capáz que cuando sea más grande me gusta más
- Claro chancho, capaz… si a uno le hace bien tiene que ir
Asiente y deja el libro al costado de la cama. Es el turno de las plastilinas. Mi enano es un artista hecho y derecho. Guarda en su caja roja todo tipo de artesanías que modela con sus manitos diminutas: astronautas, naves, cohetes, planetas, Marios Bros y Pukas. Arma ciudades enteras con masas de colores. Otra vez busco el renglón que había dejado. Martín está teniendo una charla sin desperdicio con un camionero humilde. Pero no puedo enterarme de más detalles.
- Luli, ¿la Virgen se le puede aparecer a cualquier persona?
- (Ay, Dios, las preguntas de mi enano) Dicen que se le apareció a algunos amor, pero no conozco a nadie que le haya pasado
- ¿Y a Bernardita?
- Claro, ¿ves? A ella dicen que sí. Pero yo no sé… no creo que alguna vez se nos aparezca
- Claro… igual no me daría miedo porque es buena. ¿Y el demonio se nos puede aparecer?
- No, amor (ojalá que no ché, pienso). El demonio no. Aparte vos sos un sol, cómo se te va a aparecer el demonio.
- Sí, qué tonto. Es verdad
Resigno la lectura para la siesta del día siguiente. Son más de las dos de la mañana y el cansancio me vence. Cierro a Sábato y le digo a mi chancho que es tardísimo y que es hora de dormir. “Bueno”, me dice convencido. “¿Rezamos?”. Sí amor, por supuesto. Y decimos la misma oración de cada noche que dormimos juntos. “Diosito, te damos gracias por todo lo que tenemos. Te pedimos por… (nombramos a toda la familia, claro) y te pedimos que nos enseñes a ser mejores personas todos los días. Angel de la guarda, dulce compañía, no me desampares… Amén”.
Apago la luz y le doy la mano por debajo de mi colcha. Es nuestro secreto (era) porque así se duerme más fácil. Pero no funciona esa noche. Estoy en ese escalón hermosísimo en el que se viaja hacia el sueño, a punto de dormirme, entre la conciencia y la inconciencia.
- ¿Luli?
- Qué enano… (mi voz ya no es igual que a la 1 y 30)
- No me puedo dormir…
- Tratá, amor. Cerrá los ojos, pensá cosas lindas y te vas a dormir.
- Pero si eso hago y no puedo igual
- Amor, hace poco apagamos la luz. Dormite rápido y así va a llegar más rápido el papá
- Bueno…
Otra vez estoy en el escalón hermosísimo. Le siento la respiración y pienso que ya, ya se duerme.
- ¿Luli?
- Qué
- Me hago caca
- Uh, chancho. ¿seguro? (tía mala con fiaca de llevarlo al baño)
- Segurísimo
A prender la luz, a destaparse, a pisar el piso helado y al baño. No se anima a ir solo. Lo acompaño. Camina con su piyama de ositos y se sienta.
- ¿Ves que era verdad?
- (me río y se me va el sueño). Veo mi amor, veo.
- ¿Cuántas horas faltan para que llegue mi papá?
- (miro el reloj. Son las 2 y 40) Seis horas chancho. Casi nada.
- ¿Y ahora?
- ¡Lo mismo enano! Si me acabás de preguntar
- O sea que ya casi es de día
- No tanto, para eso faltan unas 4 horas
- Cierto, mi papá llega de día
Apago la luz del velador otra vez, le vuelvo a decir que sueñe con los angelitos y cuento las pocas horas que me quedan por dormir antes de irme a trabajar.
- ¿Luli?
- Enano, no es hora de charlar ya, en serio. Tengo que levantarme temprano. ¿Qué pasa?
- Que me gusta conversar
- Mi chiquito… a mí también me encanta. Pero por hoy fue mucho. La seguimos mañana, ¿dale?
- Dale…
Logra dormirse antes que yo. Respira distinto, con esos ronquidos típicos de él que me hacen dar cuenta de que ya puedo soltarle la mano y acomodarme como más me guste. Cierro los ojos tranquila, le doy una última caricia en su cachete suavecito y me duermo. No importa las horas de sueño que me quitó mi enano. Le gusta conversar. Necesita conversar. Muerta de ternura, me entrego a la maravillosa inconciencia de las noches. Sueño que como chizitos con ketchup en un cumpleaños.
En eso estoy cuando el patético sonido de mi celular me anuncia que es hora de partir hacia el estudio. Con un esfuerzo sobrehumano, me paro de la cama con la piel de gallina. Lo alzo dormido para llevarlo al cuarto de mi mamá y me envuelve con sus patas flacas mientras apoya su cabecita en mi hombro.
Me estoy lavando los dientes.
- ¿Luli?
- Qué mi amor. ¡Qué hacés despierto!
- ¿En cuánto llega mi papá? Ya es de día
- En media hora chanchito
Sonríe de esa manera única, con esa sonrisa que no tiene siempre, sólo cuando algo le genera demasiada pero demasiada felicidad y se va descalzo a la cama a dormirse de nuevo. Me perdí el reencuentro, sí, pero viví la previa. Hermosa, como mi enano.
lunes, 15 de junio de 2009
¡Gracias má!

Entonces agradezco la esencia que me rodea. Alabada sea mi madre que come milanesas con puré y dice que sus arrugas guardan trozos de sus 62 años, que son marcas de su vida y que las ama mucho. Gracias, mamá, por no dejarme ser nunca jamás como la mujer enruladita, con ojos separados y sin pupo.
lunes, 27 de abril de 2009
Mis 15
1) Sentir el ruido de la lluvia afuera y taparme con la colcha hasta el cuello
2) La risa de mis cuatro sobrinos
3) La casi inexistente soledad de mi casa
4) El olor que me deja mi novio cada vez que me abraza
5) Los ataques de risa que me hacen llorar
6) La milanesa con puré y mayonesa (hecha en casa: 3 yemas y muuucho aceite)
7) Los “te quiero mucho” de mis poco expresivas amigas
8) Saber que después del baño me espera un buen libro en mi cama
9) Salir a comer con mis viejos y escucharlos decir “Salud por nuestro amor”
10) Mi fernet helado y mi Philip diez (o 20)
11) El dulce de leche marmolado de Blue Bell (con mucha crema)
12) Las charlas filosóficas de mis sobremesas
13) El beso inesperado cuando mi chico me abraza de la cintura
14) Los agujeritos en los cachetes de mi ahijado cada vez que se tienta
15) Despertar, abrir mi vieja ventana y dar gracias a Dios
Aclaración: a pedido de mi querida amiga Gaby Baigorrí, esos son mis 15. Haciéndolo me di cuenta de que la lista podría ser larguísima; una buena manera de refrescar todo lo que nos hace felices, por más pequeño que sea.
jueves, 2 de abril de 2009
Yo, fascista

No entiendo a los que se ponen el rótulo de defensores de los derechos ¿humanos? y salen a las calles con pancartas a favor del aborto. No entiendo a quienes se dicen ¿zurdos?, despotrican contra la derecha genocida, bombardean con argumentos de igualdad y libertad y marchan en pos de lo que ellos llaman la ¿libertad? de elección.
Elegir, claro. Decidir si se quiere o no se quiere traer al mundo un bebé, una persona (por más que intenten llamarlo de otro modo). Santa solución, digo yo. Mujeres ignorantes –o no- que tienen relaciones sin protección, una y otra vez. Y una y otra vez los embarazos. Y una y otra vez la pobreza. Y una y otra vez la falta de recursos. Y una y otra vez el hambre y la desnutrición…y así escucho argumentos que van desde “las mujeres tienen pleno derecho sobre su cuerpo” ó “no se puede traer al mundo una criatura sin desearla”. Y etcétera, etcétera.
Entonces ¡Ya sé! Despenalicemos el aborto… y una y otra vez llevemos a nuestras mujeres a los doctores abortistas para que dejen de traer niños carenciados y no queridos al mundo. Listo. ¿Y dónde queda la esperanza, entonces? Yo, pese a tanta mierda derramada por el universo, todavía la tengo. Todavía tengo fe en que un mundo con educación es posible. Todavía creo que la gente es gente y se puede educar. Todavía tengo esperanzas de que el sexo puede y debe ir de la mano de la responsabilidad. Y todavía tengo la certeza de que la vida tiene un valor inmenso, superior, infinito…
Y a mi querido amigo, le aclaro: tanto la derecha extrema como la izquierda extrema me revuelven las tripas. No creo en ninguna de las dos.
martes, 24 de marzo de 2009
El gim: ¿placer o tortura?

De todos modos, durante la hora que dura la clase no soy lo que se dice un ser humano plenamente feliz. Pero cuando salgo sí; me siento renovada y me engaño diciéndome que tanto daño no me debe hacer el pucho o las cervezas de los viernes si mantengo este ritmo gimnasta (a mi manera).
Debe ser por eso que me causó gracia cuando el otro día una compañera se me acercó y me dijo que eso de ir tres veces por semana me iba a durar poquito. “Es un vicio. Vas a ver que después no podés dejar de venir ni un solo día. No vas a querer parar; es hermoso”. Claro. Ella porque llega a las 17.00 y se retira a las 21.00 todos los días.
¿Por qué? ¿Para qué? ¿Qué tiene de lindo? ¿Qué es lo placentero de pasarse una hora pedalenado empapada como recién salida de la pileta y después chuparse otra hora haciendo saltar lágrimas al levantar unas pesas? ¿A dónde está la magia de hacer seis minutos de sentadillas al ritmo de la música? ¿Qué tiene de posible “vicio” acostarse en el piso y elevar el tronco una y otra vez hasta sentir que te están quemando la panza con una brasa? ¿Cómo se puede desear hacer todos los días estocadas que hacen temblar las piernas y doler los glúteos?
Vamos… al que le apasiona el gim es solamente por los resultados a los que llega: la colita más levantada, unas piernas firmes, una panza chata y unos brazos marcados. Pero de ahí a hacerlo por placer… mmmm… no, no lo creo. Yo lo reconozco: una pizca de mis tres horas semanales son por salud y la otra gran parte es porque no tengo ganas de que el traste me llegue a las rodillas cuando cumpla 30. Es la verdad. De ahí a que se vuelva un vicio hay un trecho enorme.
Porque comer chocolates, devorar una hamburguesa llena de mayonesa y ketchup, fumar un Philip mientras tomo un vaso de fernet helado, repetir dos veces la compotera de flan de leche condensada o echarme a leer durante horas pueden ser vicios. Y esos sí que son hermosos… pero transpirar como un chancho bajo el sol mientras dura la tortura de Body Pump, no. ¿Estoy errada o mi definición de placer es muy personal y poco sana?